Parte 3. Sobre la presión y el pánico escénico. Conversaciones con Benito Urra, psicólogo deportivo.

Sobre la presión y el pánico escénico.

¿Cuáles son las variables que hacen que ocurra este tipo de acontecimientos?

Son variadas obviamente, pero podemos definirlas en internas o externas. Las internas responden a posibles síndromes relacionados al habla. A estructuras de pensamiento  determinadas de la persona,  que se pueden expresar en lapsus. A consumo problemático de sustancias, a asociaciones mentales entre la vivencia del momento con algún hecho traumático o significativo del pasado, que pueda producir un lapsus, o una emoción determinada y a otras variables de tipo psíquico. Pero a nivel externo, la presión ambiental juega su rol. Un grito fuera de lugar en medio del silencio. Un insulto, una muestra de cariño significativa, pueden ser un lanzazo a la concentración. Tengamos en cuenta algo que no siempre se hace presente. Un músico en el escenario está en una especie de “trance” actuar tiene componentes narcóticos. Hay un estado distinto a nivel químico en el cuerpo, que conecta al músico con su actividad en ese momento en una comunión única. Todo lo que interfiera en ello fuera de lugar, puede perjudicar un show completo. Cuando digo interferencias, no me refiero al coro del público, a los gritos de euforia, o al silencio sepulcral de otro tipo de conciertos. Me refiero a algo fuera de lugar, fuera de contexto, que va en contra de lo que el músico espera. Por ejemplo, un claro motivo de desconcentración y shows malos son los problemas de sonido. Eso genera mucho stress, y no tiene que ver con el artista en si mismo, aunque si, porque el artista debe ser muy profesional, y chequear personalmente todo lo técnico es parte de ello. Eso en la música popular obviamente. La música docta tiene otras variables intervinientes. Un celular que suene tiene la misma significación que un gran acople en el  sonido para el ejecutante.

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