Donde se une lo clínico y lo organizacional en la Psicología. Articulo de opinión, relacionado a una nueva visión en el desarrollo profesional, con base en nuestra interacción social.

En tiempos de “normalidad” social, es decir hasta hace casi cinco meses, desde la psicología, podíamos identificar en forma más plena algunas conductas en personas, con dificultades para desarrollar relaciones sociales adecuadamente, es decir dentro de la norma. Una de esas problemáticas es la “Fobia social”. Concepto que genera ansiedad en la persona enfrentada a situaciones en que debe exponerse ante los demás.
La fobia social, es un extremo de la timidez. Provoca reacciones físicas como palpitaciones, sudoración ,dolor de estómago, y otras somatizaciones, cuando la persona debe exponerse, en el trabajo, o en el centro de estudios. Esto se produce a causa de un temor. Temor a ser juzgado por el otro, a ser mirado, a no estar a la altura de lo que se espera de uno, una excesiva preocupación por causar buena impresión. Su origen es diverso. Proviene desde diversas problemáticas y rasgos de personalidad.
Muchas veces esa autopercepción, no guarda relación con lo que sucede en realidad, donde el desempeño de la persona, es más que aceptable.
A la luz del encierro, social, debemos revisar algunos paradigmas. En nuestro presente de relación social “on line” algunos “papeles” que interpretamos en lo social, se invierten. En algunos casos aquel que ofrecía dificultades al momento de convivir con compañeros, puede aliviar ese malestar desde la distancia física. Y como contraparte puede despertarse en personas que no adolecían de esa dificultad, otra nueva: La exposición al lente de la cámara, al micrófono. Eso, puede causar un cierto tipo de ansiedad social. incluso pánico escénico ante una plataforma de comunicación online. O simplemente, pero no menos importante, el no poder lograr el mismo nivel de conexión comunicacional que el logrado en forma presencial.
Antes de la pandemia, e incluso del estallido social, normalmente una persona de clase media, debía salir de su casa, ir al paradero o la estación de Metro, tomar locomoción, llegar al lugar de trabajo, convivir cerca de 9 horas con sus compañeros, y volver al camino de regreso a casa. Si bien eso sigue sucediendo a pesar de las cuarentenas, por necesidades socioeconómicas, en gran parte de la población, hay sectores y grupos de personas que deben continuar sus labores a distancia.
Para una persona que padece de fobia social, este periplo es angustiante, sufrido. Deben realizar un gran esfuerzo personal, para poder llevar a cabo la tarea.
Pero ante el trabajo on line, se producen fenómenos que pueden recrudecer este aspecto. O bien puede despertar en otras personas, fobias y miedos, que no sabía que existían en sí. Esto producto de la exposición a la cámara, al lente.
En lo personal tuve experiencias televisivas, y puedo decir que la cámara, genera un grado de ansiedad escénica normalmente. Sube la adrenalina el sentirse frente a una cámara. Se moviliza la química corporal, porque lo que está en juego es el “que dirán de nosotros” el como nos vemos, y fundamentalmente que podemos cometer un error técnico que no nos deje bien parados.
Evidentemente los profesionales del rubro televisivo están acostumbrados, pro aún así normalmente les produce mucho nervio. El cine y programas grabados son diferentes fenómenos, pues está el consuelo de saber que podemos ser salvados del ridículo ante los demás si nos equivocamos, pues se graba de vuelta, y listo.
Pero el trabajo o el estudio online es EN vivo. ¿Que desafíos plantea? Que nos pasa delante del lente cuando nos comunicamos por zoom. Cuando es nuestro jefe quién está al otro lado pidiéndonos un informe. Qué mecanismos de defensa y o de ataque podemos desarrollar?
En zoom, y otras aplicaciones, el lenguaje gestual online y el tono de la voz, debe considerarse distinto al lenguaje gestual y vocal in situ. De partida, el plano en que se nos ve, es justamente plano, no tridimensional. Tampoco se ven nuestras piernas usualmente. Por lo que todo se reduce al rostro, la postura de los hombros, y el movimiento de las manos. También tendemos a hablar con menos matices, en un tono alto, y a mayor volúmen. Ese re-aprendizaje, es sin duda valioso, desafiante.
Para la persona con fobia social, puede resultar muy incómodo, pues no les gusta mucho comunicarse, pero por el contrario, puede acomodarle bien, el sentirse a salvo en su casa. De hecho existen opciones online de estudio hace mucho tiempo, orientada a personas con ansiedad social. Pero hay personas que deben aprender una nueva forma de comunicación, y esto les produce stress adicional, somatizaciones.
Los adultos mayores a su vez, deben ponerse a tono con ese desafío. Salir airoso, de un micrófono no apagado, de un gesto impropio, al distraerse del lente, puede ser ocasionar más de un bochorno.
Por lo tanto el formato online es una excelente oportunidad para generar una especie de “rediseño” individual de cara a los demás. Reformular las expresiones no verbales en entrevistas y reuniones, en clases, charlas y conciertos. La distancia física es también distancia psíquica. 2020 es sin duda el año que será recordado como el año donde debimos reinventarnos comunicacionalmente tal vez para siempre.
Las empresas deben de una vez, darle importancia a las personalidades de los profesionales, y atender sus rasgos, pues estos no están asociados en algún tipo de proporción directa o inversa, con su capacidad técnico-profesional. No tiene nada que ver tener fobia social con ser incompetente en lo profesional . Al contrario. Muchas veces la eficiencia es mayor en ese tipo de personas. Los departamentos de Recursos humanos de las empresas, están frente a un cambio en sus paradigmas. Entender que el bienestar de los profesionales trasciende el área empresarial y sus beneficios materiales. Pienso que el área clínica debiese comenzar a ser definitivamente un mayor aporte el mundo organizacional. El área clínica debiese incorporarse a los departamentos de bienestar de las empresas de manera más orgánica. Pues lo clínico no conlleva necesariamente una carencia ante el trabajo. Muy por el contrario, lo clínico, puede ayudar a que las personas se sientan más seguras de si, y por lo tanto e resultado de su labor sea mejor percibido por ellas mismas.
Javier Silvera.
Psicólogo.
Diplomado en Dirección Estratégica de recursos Humanos y Gestión con Capital Humano.
Músico Experto y diplomado en Musicoterapia y técnicas de Rendimiento en Vivo.

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